viernes, 2 de diciembre de 2016

Hay tantas cosas que puedes perder, por el simple hecho de no valorarlas que en este preciso instante la más ridícula y molesta nimiedad... Si, esa que acabas de mandar a la basura, porque acabas de incluirlo en la lista de cosas que no merece la pena seguir usando.Si, esa que tarde o temprano vas a querer recuperar porque el resto de cosas que si estaban en la lista de objetos útiles; no te llenan, no son capaces de cumplir la función que estaba llevando acabo en profundo silencio la nimiedad que perdiste, mejor dicho, que dejaste escapar. Y es ahí cuando te das cuenta de lo que tenias, cuando ya lo has perdido, mejor dicho, cuando lo has tirado a la basura y el tiempo con su ausencia se ha encargado de tatuarte su valor en la frente.Ese valor, único e insustituible. Puede que tengas suerte y baste con tragarte tu orgullo y mirar en la papelera de tu habitación o en el cubo de basura al pie de tu casa y rezar para que lo que tiraste aún siga ahí, esperándote.Pero si le has causado tanto daño, que ni tan siquiera siente a los buitres del basurero intentando aprovecharse de lo poco que queda de él.Déjalo ir. El tiempo reciclará sus errores y lo hará un objeto nuevo y mejor. Aún que para entonces sea a ti al que te duela. "Bueno, menos mal que los objetos no tienen sentimientos" te consolaba pensar antes de tirarlo a la basura y valorarlo como persona.



miércoles, 30 de noviembre de 2016

Sueños













El mundo está repleto de sueños de los que se imaginan durmiendo y se cumplen despiertos.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

U.M.P

Pronto podréis disfrutar de Un Mismo Pasado en papel o en formato digital les mantendré informados.

sábado, 15 de marzo de 2014

Capitulo 6: ¿Quiere casarse con migo?

Me lave la cara, brazos y piernas, y observé mi rostro reflejada en las aguas por primera vez desde que me hallaba allí. No había cambiado nada, mi cabello castaño, ondulado y tan encabritado como siempre seguía pegado a mi cabeza, mis finos y rosados labios y mi menudita nariz seguían en su sitio, al igual que mis dos extraños ojos violetas a los que tampoco notaba diferencia alguna, permanecían llorosos examinando mi apenado rostro.
De pronto la calma de la que os hablaba antes cesó, pues un estruendo como el de cacerolas moviéndose, chocándose unas con otras, interrumpió el correr del agua.
Me incorporé acelerada y giré la cabeza bruscamente hacía el lugar por el que la esperanza misma se dejó ver a mis ojos.
Corrí lo más que pude y salté a sus brazos como un niño al encuentro de su madre. Sentí el calor de su piel a través de la armadura, el único calor capaz de derretir mi corazón helado.
Atónita la persona que había tras las ropas de hielo, no supo cómo reaccionar a mi desesperado abrazo, se quedó petrificada, inmóvil, disimulando disfrutar de la compañía que yo con ese abrazo le dispensaba.
Una pequeña lágrima tímida y pesarosa no pudo evitar rodar por mi mejilla acompañada de un sollozo que hizo a la armadura reaccionar al fin, ante mi abrazo, rodeando con sus brazos mis hombros y juntando su cabeza con la mía.
 Nos quedamos así un momento, juntos, disfrutando mutuamente del fuego con que nos calentábamos, sin atrevernos a hablar para no apagarlo.
Para seguir leyendo clic aquí 

sábado, 22 de febrero de 2014

Adelantos

Sonreí para mí y me acerque más a él, tanto que si alguno de los dos hubiera querido, poco nos habría faltado para callarnos con un beso, me empiné intentando ponerme a su altura y volví a desconcertarle con mi contestación.
Capitulo 5: Cruce de caminos

Capitulo 4: El padre Francisco

Siempre había odiado andar ese tramo, pues el camino que seguía era pedregoso y con la sotana, su poca agilidad y su avanzada edad le era difícil moverse, por no decir que siempre se le enganchaba alguna ramita o pequeñas piedrecitas entre la horrible ropa de sacerdote que solían llevar en aquella época.
El padre Francisco era querido por todos en el pueblo pues su asombrosa amabilidad con todos y para todos era envidiada en pueblos vecinos y en toda la comarca.
Había sido llamado por el pequeño de los Plaza -la familia más importante del lugar-, ahora el longevo cura se dirigía al castillo a ver para que le requería el Señorito Julio y aprovecharía para informase con rigor del extraño suceso que había tenido lugar la tarde anterior y que al parecer estaba puesto en la boca de todo vecino. Él no había estado presente pues le había surgido un imprevisto y no terminaba de creerse los rumores que avanzaban rápidamente por las calles del pequeño pueblo: “una bruja” recordaba entre risas las palabras de Fulgencio, su amigo desde jóvenes.
   -¡Padre! ¡Padre!- le llamó el señorito Julio desde la puerta del castillo.
   -Buenos días señorito Julio- El sacerdote se acercó al joven con parsimonia y se apoyó en uno de sus hombros mientras recuperaba el aliento.-  más te vale que sea importante lo que me has de decir que ya sabes que no estoy para estos trotes- le riñó.
   - Es mi hermano el que dio recado de llamarle, padre,  dice que quiere confesión.
   - Mira que se lo tengo dicho, que no me haga venir para esas minucias, que perdonado queda.
   - No sé padre, dice que no se ve con fuerzas, que tan grabe es el pecado que no es digno ni de ser visto- un signo de preocupación se dibujó en su mirada.
   - Bueno, -suspiró- veamos que ha hecho esta vez.
 Los dos, se adentraron en el castillo, mientras yo, desde unos arbustos contemplaba la escena con demasiadas preguntas rondándome la cabeza, buscando la manera de volver a mi época, sin  terminar muerta en el intento.

Seguidores

Translate