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miércoles, 30 de diciembre de 2015

U.M.P

Pronto podréis disfrutar de Un Mismo Pasado en papel o en formato digital les mantendré informados.

sábado, 15 de marzo de 2014

Capitulo 6: ¿Quiere casarse con migo?

Me lave la cara, brazos y piernas, y observé mi rostro reflejada en las aguas por primera vez desde que me hallaba allí. No había cambiado nada, mi cabello castaño, ondulado y tan encabritado como siempre seguía pegado a mi cabeza, mis finos y rosados labios y mi menudita nariz seguían en su sitio, al igual que mis dos extraños ojos violetas a los que tampoco notaba diferencia alguna, permanecían llorosos examinando mi apenado rostro.
De pronto la calma de la que os hablaba antes cesó, pues un estruendo como el de cacerolas moviéndose, chocándose unas con otras, interrumpió el correr del agua.
Me incorporé acelerada y giré la cabeza bruscamente hacía el lugar por el que la esperanza misma se dejó ver a mis ojos.
Corrí lo más que pude y salté a sus brazos como un niño al encuentro de su madre. Sentí el calor de su piel a través de la armadura, el único calor capaz de derretir mi corazón helado.
Atónita la persona que había tras las ropas de hielo, no supo cómo reaccionar a mi desesperado abrazo, se quedó petrificada, inmóvil, disimulando disfrutar de la compañía que yo con ese abrazo le dispensaba.
Una pequeña lágrima tímida y pesarosa no pudo evitar rodar por mi mejilla acompañada de un sollozo que hizo a la armadura reaccionar al fin, ante mi abrazo, rodeando con sus brazos mis hombros y juntando su cabeza con la mía.
 Nos quedamos así un momento, juntos, disfrutando mutuamente del fuego con que nos calentábamos, sin atrevernos a hablar para no apagarlo.
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sábado, 22 de febrero de 2014

Adelantos

Sonreí para mí y me acerque más a él, tanto que si alguno de los dos hubiera querido, poco nos habría faltado para callarnos con un beso, me empiné intentando ponerme a su altura y volví a desconcertarle con mi contestación.
Capitulo 5: Cruce de caminos

Capitulo 4: El padre Francisco

Siempre había odiado andar ese tramo, pues el camino que seguía era pedregoso y con la sotana, su poca agilidad y su avanzada edad le era difícil moverse, por no decir que siempre se le enganchaba alguna ramita o pequeñas piedrecitas entre la horrible ropa de sacerdote que solían llevar en aquella época.
El padre Francisco era querido por todos en el pueblo pues su asombrosa amabilidad con todos y para todos era envidiada en pueblos vecinos y en toda la comarca.
Había sido llamado por el pequeño de los Plaza -la familia más importante del lugar-, ahora el longevo cura se dirigía al castillo a ver para que le requería el Señorito Julio y aprovecharía para informase con rigor del extraño suceso que había tenido lugar la tarde anterior y que al parecer estaba puesto en la boca de todo vecino. Él no había estado presente pues le había surgido un imprevisto y no terminaba de creerse los rumores que avanzaban rápidamente por las calles del pequeño pueblo: “una bruja” recordaba entre risas las palabras de Fulgencio, su amigo desde jóvenes.
   -¡Padre! ¡Padre!- le llamó el señorito Julio desde la puerta del castillo.
   -Buenos días señorito Julio- El sacerdote se acercó al joven con parsimonia y se apoyó en uno de sus hombros mientras recuperaba el aliento.-  más te vale que sea importante lo que me has de decir que ya sabes que no estoy para estos trotes- le riñó.
   - Es mi hermano el que dio recado de llamarle, padre,  dice que quiere confesión.
   - Mira que se lo tengo dicho, que no me haga venir para esas minucias, que perdonado queda.
   - No sé padre, dice que no se ve con fuerzas, que tan grabe es el pecado que no es digno ni de ser visto- un signo de preocupación se dibujó en su mirada.
   - Bueno, -suspiró- veamos que ha hecho esta vez.
 Los dos, se adentraron en el castillo, mientras yo, desde unos arbustos contemplaba la escena con demasiadas preguntas rondándome la cabeza, buscando la manera de volver a mi época, sin  terminar muerta en el intento.

lunes, 6 de enero de 2014

Capitulo 3.4: Quehaceres de bruja

Dos pares de ojos verdes me miraban asustados esperando una respuesta. Habíamos conseguido tranquilizarnos y ahora el silencio adueñaba la sala.
Al fin me habían dado a conocer el paradero de sus padres y no era muy agradable, su madre era una mendiga que hacía lo imposible por traer un pedazo de pan a casa, que al parecer llevaba dos años desaparecida y daban a entender que nunca habían conocido a su padre.
   -¿Y se puede saber cómo habéis vivido solos dos años?
   -El padre Francisco nos ayuda siempre que puede- manifestó Escolástica con la cabeza gacha- Tenía mucho cariño a nuestra madre.
   -Seguro que nos ayudaría a convencerla- Dijo Roque dirigiéndose a su hermana.
   - No la has oído, no es una bruja, no nos la traerá.- Habían iniciado una conversación entre ellos.
  -A mí no me engaña seguro que es una bruja que ignora nuestros gritos de auxilio- intenté adivinar a que se referían y tratándose de unos niños huérfanos pude imaginármelo.
  -Esperar- suspiré- ¿Me habéis traído aquí para resucitar a vuestra madre?
  -¡No está muerta!- Gritó Roque entre sollozos- está perdida en alguna parte esperando a que vallamos a buscarla.
  -¿Dos años esperando?- dije con un tono sarcástico.
  -Bruja…
Los dos niños me miraron y por primera vez, me arrepentí de que no hubieran aplicado la ley contra mí, porque en ese momento me sentía como una bruja, que disfrutaba con las penurias de los demás sin importarle las suyas propias. Les acababa de confirmar que su madre estaba muerta.
Aparté la mirada de ellos y me dirigí hacía la puerta dispuesta a marcharme, para no causar más daño, pero entonces la voz del pequeño de los hermanos cambió el rumbo de los acontecimientos.
  -María…por favor no nos dejes solos otra vez- Me giré de nuevo hacía ellos con la boca abierta.
  -¿Cómo sabes mi nombre? ¿No os lo mencioné en ningún momento?
  -¿Te llamas María?- Dudo Escolástica tan asombrada como yo.
  -Tienes cara de María-Roque sonrió, dando por hecho que ahora sí que les ayudaría a encontrar a su madre, porqué, según él, eso es lo que hacen las brujas buenas como yo.

jueves, 2 de enero de 2014

Capitulo 3.3: Quehaceres de bruja

El cantar de un gallo me despertó entre sueños, me levante perezosa, me puse las botas y tantee el bolsillo en busca de mi móvil, asustada busqué en el otro y al no aparecer me tiré sobre la cama, buscando entre las sabanas por si durante la noche se me hubiera caído, pero ni rastro.
 Entonces pensé, bueno, no pasa nada ahora me auto llamo con otro móvil… aun que tendría que esperar más de 200 años para que el primer teléfono apareciera.
Sin embargo, la llamada llego antes de lo que pensaba, en forma de grito, que retumbo por toda la casa, corrí guiada por él y encontré a Roque hurgando en mi móvil atemorizado por los sonidos que producía el raro aparato que era para él.
Cuando se percató de mi presencia se puso aún más desasosegado y empezó a gritar preguntas sin sentido:
  -¿Qué es, bruja? ¿Nos intentas hipnotizar con esto, verdad?- Tiró el móvil al suelo y se apagó falto de batería- ¡Aja! Lo he matado.
  -No lo has matado.
Me agache a cogerlo, cuando Roque saltó encima de mí y comenzó a tirarme de los pelo.
  -¡Muere bruja! No mereces nuestra compasión.
Conseguí alzarme con él aun en mi espalda, hasta que llegó su hermana con un cántaro en la mano y pudo apartarlo de mí pidiendo explicaciones.
  -Quería embaucarnos con eso- Señaló el móvil yacido en el suelo- Te dije que no era de fiar, nadie nos traerá a madre de vuelta-dijo desalentado.


jueves, 26 de diciembre de 2013

Capitulo 3.2: Quehaceres de bruja

La noche avanzaba de prisa en su compañía, era tarde y me sorprendí de que sus padres no hubieran aparecido todavía, por lo que pregunté acerca de ellos, arrepintiéndome de no haber sacado esa conversación antes.
  -¿Y vuestros padres?
  -Estarán a punto de llegar- Dijo Escolástica pensándolo mucho
  -¿A sí?- Se asombró Roque.
  -Claro que sí- le guiñó un ojo indiscretamente- pero llegan cuando estas dormido y no te das cuenta- Interrumpió a Roque antes de que pudiera objetar- Eso me recuerda que ya deberías estar acostado.
Dio un último resoplido mientras se levantaba de la silla, miró a su hermana intentando convencerla de algo, se despidió con la mano y desapareció por el estrecho pasillo.
  -Bueno yo también me voy a dormir- Anunció terminando de lavar el último plato- Y tú también  deberías descansar que con el día que llevas…-Calló de pronto reparando en su error.
  -¿Lo sabes?
  -¿Qué? No.
  -¿Qué pretendéis tu hermano y tú? ¿Seríais capaces de meter una bruja en vuestro hogar aun sabiéndolo?- Se me estaba empezando a pegar aquella forma de hablar que tenían en esa época.
  -Perdónanos, no teníamos intención de faltaros-Se arrodilló.
  -No, por favor- La ayudé a erguirse- No soy una bruja.
  -¿Por qué querían ejecutarte pues? Yo misma estaba entre la multitud y nadie lo ponía en duda.
  -Sí, si hubo alguien.
No pude evitar sonreír al recordar a mi héroe montado en su caballo, portando aquella espada, sin miedo y decidido a salvarme por alguna extraña razón.
  -¿Pero…-Dudo un momento- y tu extraño aspecto?
  - Me gusta llamar la atención- Dije escasa en respuestas.
  - Y tanto que la as llamado, no hay persona en el pueblo que no esté al tanto de tu huida o de la recompensa…
 -¿Recompensa?- No pude evitar sentirme alarmada-¿Han puesto precio a mi cabeza? ¿Por eso me habéis secuestrado?- pregunte cabizbaja- yo que pensaba que erais buenos chicos.
 -No te hemos secuestrado- Frunció el ceño- pues, que yo sepa no opusiste resistencia.
 -Nos seguiste como abejas a la miel- Dijo Roque, que reapareció de la nada.
 -¡Roque! ¿Qué haces todavía despierto? Vamos a la cama- Le dio unas palmaditas en la espalda- bruja, ya conoces tu alcoba, hasta mañana.
Me dirigí hacia mi “alcoba”- Esa palabra siempre me hacía reír- mientras le daba vueltas a la cabeza, como explicarles a los niños que no era una bruja, además, tendría que sonsacarles el porqué de mi “secuestro” o donde estaban sus padres. Me habían caído bien, me resultaban familiares, como si los conociera de antes.
A pesar de ser la segunda noche en 1660, dormí a pierna suelta con el caballero rondando mi cabeza, una extraña escoba y dos gatos negros.

Capitulo 3.1: Quehaceres de bruja

Los primeros que repararon en mí, fueron dos niños que jugaban honradamente en la calle con cuatro trapos bien atados.
 Estaba prudentemente escondida tras unos matorrales a la espera de que cayera la noche para poder salir a por algo de comida sin ser vista, pero aquellos dos hermanos se interpusieron en mi objetivo, cambiándolo a mejor. El pequeño, de unos 8 años llamó a su hermana al advertir movimiento entre los arbustos y los dos me hallaron minutos después. Para mi sorpresa no se amedrentaron al verme, me miraron compasivos, ofreciéndome un plato caliente y un techo donde pasar la noche, ¿y como no aceptar la amabilidad de dos niños que me ofrecieron su ayuda con buena intención?
Me  llevaron a un edificio ruinoso que no fui capaz de reconocer hasta hallarme en su interior, Me habían hospedado en su casa, que dos siglos después sería la de mis abuelos maternos.
En poco tiempo les cogí cariño, Escolástica y Roque eran sus nombres, que no tardaría en aprenderme  pues su madre los había llamado intencionadamente como a los patrones del pueblo: San Roque y Santa Escolástica.

Escolástica era 4 años mayor que su hermano y parecía ocuparse de las labores de la casa con mucha maña, me tendió un plato de gachas que acepte de buena gana, a pesar de que nunca antes me había atrevido a probarlas, tonta de mí. 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Capitulo 2.2: Distintos caminos para un mismo destino.

Nos encontrábamos a las afueras, en un cruce de caminos, que comunicaba mi pueblo con el castillo y con el pueblo vecino.
No supe si me miraba a través de la armadura pero le sonreí intentando agradecerle lo mucho que había hecho por mí  y creí imaginar que me devolvía la sonrisa pero en cambio el casco de su armadura escondía una expresión turbadora hacía el aparato que emitió aquella extraña melodía. Alzó la mono señalando el camino de enfrente dibujado en el horizonte a la vez que liberó unas palabras un tanto  hirientes.
  -Debes irte, pronto, empezarán a buscarte y correrás peligro- me advirtió, intentando expresar una leve indiferencia, que aproveche para acercarme más a él- Si sigues este camino llegaras a…
  -Sé a dónde llega ese camino- le interrumpí incomoda- mas no me moveré de aquí, ¡pretendes que me aleje de su lado tras a verme salvado, eres la única persona en la que puedo confiar!
  -Olvídalo, neguemos lo que ha pasado si no quieres que siga pensando que eres una bruja.
  -No soy una bruja.
-Pues entonces vete, sálvate.
-Y confirmar que si lo soy, prefiero quedarme y demostrar que llegue por casualidad  y mi único propósito es volver a mi… época, sin causar ningún daño- desconocí su semblante después de aquello, pero su reacción fue más rara de lo que predije.
-No conseguirás embaucarme otra vez- agarró las riendas del caballo y dio media vuelta.
Me quedé mirando como aquella armadura andante se alejaba de mí, rumbo hacía el castillo, llevándose consigo el poco sosiego que me quedaba, quería seguirla pero algo me decía que no, que no había llegado el momento de descubrir lo que se ocultaba tras ella.
 Partí en dirección contraria. Él, Tomo el camino de la derecha, yo el de la izquierda, recordando que el mundo es redondo y que pronto volveríamos a encontrarnos. 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Capitulo 2.1: El jinete de la negra armadura

Las voces enmudecieron de pronto, la multitud calló a la vez de que una musiquita ridícula comenzó a sonar procedente de mi bolsillo. Recordé esa melodía que tantas mañanas acostumbraba a levantarme y hallé una escasa esperanza.  Abrí los ojos temerosa, esperando encontrarme en mi habitación, pero hay seguía delante de la muchedumbre atónita por el sonido que emitía la faltriquera que llevaba mi pantalón.
Recordé inmediatamente el móvil, que mostré a todo el mundo para que fuese escuchado con mayor vigor.
Nunca olvidaré la expresión de espanto  que se dibujada en los rostros de aquellos campesinos acostumbrados al leve tañer de los instrumentos de la época, pero sus semblantes se turbaron aún más temerosos cuando vieron aparecer una montura y un caballero totalmente negros que se abalanzaron contra los guardias y se defendieron con torpes movimientos de los golpes de su atacante.
Cuando pude darme cuenta una mano firme me cogió por el brazo y tiró de mí hacia el caballo, me ayudó a montarlo con torpeza, dio unas fuertes estocadas más, para apartar a los hombres que me habían tenido retenida y subió con presteza en el animal a la vez que emprendía el galope y nos alejamos de aquella escena dejando atrás las voces del gentío que aún me llamaban bruja.
El contacto con la armadura me apaciguaba pero solo de pensar que aquel extraño hombre cruzaba mi espalda con su mirada me hacía estremecer, ¿qué intención tenía?  ¿A dónde me llevaba? ¿Quién era? ¿Por qué me había salvado?

Por fin oí su voz transformada en una orden para que su corcel parara, era mucho mas dulce de lo que me esperaba, se dio cuenta de mi sorpresa, carraspeo e intento hacerla más ronca, con lo que no pude reprimir una carcajada, a la que él respondió desmontando del caballo y ofreciéndome amablemente una mano para bajar.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Capitula 1.2: Muerte a la bruja!!

  -¡Bien señorito, gracias por atraparla!- Dijo uno de mis perseguidores que había conseguido atraer la atención del chico.
Al fin, alejó la espada de mí, pero no me dejó volver a huir, si no que me cogió del brazo con fuerza y a la vez con cierta ternura.
  -¿Qué ha hecho?- preguntó él mientras avanzábamos.
  - Ha entrado a robar a la habitación de tu hermana.
Normalmente yo, hubiera replicado a aquella acusación, pero la sustituí por una exclamación de asombro que no pude reprimir conforme nos acercábamos al castillo.
De pronto, lo recordé todo, el día de la lluvia en el que mi perro y yo entramos en aquel castillo, era el mismo, pero ahora, había recuperado el aspecto de antaño, ¿acaso me encontraba todavía en mi pueblo?
Me llevaron al calabozo del castillo y durante el trayecto, vi a la chica de la habitación que me miraba temerosa y su hermano que me había tenido cogida del brazo durante todo el viaje se fue junto a ella, pero antes, me musitó unas palabras que me sirvieron de alivió cuando me encerraron en la prisión.
El muchacho cumplió su palabra y vino a verme a la mazmorra, se quedó inmóvil en la puerta  esperando a que hablara pero yo solo le mire con la respiración entre cortada, se sentó junto a mí en el suelo manchando sus extrañas ropas que parecían de otra época.
  -Van a matarte- dijo midiendo sus palabras.
  -No he hecho nada-dije yo desalentada.
  -Lo siento- El silencio se adueñó de la celda-Te he traído comida
Me ofreció un plato de comida que tenía muy malas pintas pero que aun así lo cogí por educación.
  -¿En qué año estamos?- Me atreví a preguntar   yo.
Su respuesta confirmó mis sospechas
   -1660 durante el reinado de Felipe IV -dijo entre risas.
La gente gritaba a mi alrededor: “¡Matadla! ¡Muerte a la bruja!”, pero en mi cabeza solo sonaba una fecha: “1660” como era posible que hubiera viajado al pasado. Desde allí distinguí el castillo que fue lo último que vi antes de que uno de los guardias dijera la orden para ejecutarme:

   -¡Muerte a la bruja!

Capitulo 1.1: Muerte a la bruja!!

Deje suelto a Crash, para seguir contemplando el cielo gris que avecinaba tormenta, sumida en mis pensamientos me adentre cada vez más en el bosque, dejando atrás la pequeña población de la que procedía.
Unos ladridos me hicieron percatarme del lugar en el que me hallaba. Por un momento me sentí perdida, pero enseguida divisé el edificio que tiempo atrás había sido un espléndido castillo y que ahora, solo era un montón de piedras colocadas formando una pared.
Unas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer a mí alrededor.
Llamé a mi perro para regresar antes de que la lluvia nos empapara por completo, pero su contestación a base de ladridos procedía del castillo y recordé el pánico que tenía Crash al agua.
Tiré de Crash hacía la puerta, pero no había modo alguno de que saliera del castillo, Fuera, la lluvia empezaba a caer con más fuerza y terminé por acatar las órdenes de mi perro quedándonos hay hasta que la lluvia cesara.
Me desperté en una habitación que no era la mía, calada hasta los huesos y sin recordar nada de lo que me había sucedido.
Me disponía a levantarme del suelo cuando una muchacha de largos cabellos y de vestido blanco entró por la puerta y sin más miramientos grito a los cuatro vientos: “¡Guardias!”.
Entonces eche a correr azorada seguida de dos hombres con extraños trajes que me gritaban: “¡detente muchacha!”.
Se unieron más personas a mi persecución y di gracias a mi padre por apuntarme a atletismo porque ahora no había nadie que me alcanzara. Seguí avanzando pasillo abajo, buscando un interruptor que me despertara de ese extraño sueño, pero a diferencia de los sueños que había tenido, en este me cansaba, lo que me hizo plantearme que lo mejor en esos momentos era buscar una puerta por la que salir antes de que los guardias lograran atraparme.
Descendí las escaleras hasta lo que parecía un vestíbulo, que me resultó un tanto familiar, aun así, me dirigí hasta la puerta como alma que lleva el diablo y con el corazón a punto de salírseme del pecho conseguí abrirla con un fuerte portazo.
Pero para mi sorpresa la cacería que habían organizado para cogerme terminó antes de que lograra adentrarme en el bosque.
Aquella mirada nunca la olvidare, los ojos azules de aquel muchacho de más o menos  mi edad que había conseguido interceptarme cuando yo, ya pensaba que era libre.
Me perdí en sus ojos cual laberinto y tan siquiera noté el filo de su espada rozando mi piel. Él también olvido los gritos de los guardias por un instante y correspondió a mi mirada sin separar la espada de mi pecho. 


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